Entre copas

jueves, 16 de febrero de 2012 25 comentarios
Desde que soy aficionada a los perfumes, siempre me preguntaban lo mismo ¿y los vinos? ¿se te darán bien los vinos, no? Y yo siempre respondía lo mismo: pues todavía no, pero algún día. No tenía prisa, no quería forzar la máquina intentando disfrutar un mundo que sabía que tarde o temprano iba a terminar adorando.

Pero poco a poco fui adentrándome. Empezó con un viaje por La Rioja a lo Thelma & Louise y un día te encuentras camino a pasar un fin de semana de camping en las Landas y en medio de la sección de vinos, junto a una amiga, intentando elegir un par de botellas para disfrutarlas en los dos días siguientes. Sin saber muy bien por donde empezar pero con ganas de ir probando poco a poco.




El día de la iluminación me vino a finales del agosto pasado, cuando tuve la suerte de comer en el Arzak. Comer y beber. Porque qué vinos. Allí sentí algo parecido a cuando descubrí los perfumes nicho. Beber aquel vino en aquellas copas que tenían la capacidad de concentrar todo el aroma... en aquel momento supe que había llegado en momento de aprender a disfrutarlo.

Desde entonces mi afición (y la de mi kuadrilla, que no sé cuándo ni cómo empezamos pero ahora poteamos a crianzas) ha ido aumentando a pasos agigantados. Además he tenido la suerte de encontrar (o ser encontrada) por los mejores guías y maestros que podría desear en este largo camino que estoy empezando.

A mi oleada de preguntas así me respondía hoy Fernando:

Maia, un vino puede transmitir millones de aromas, desde los frutales (no necesariamente uva sino cualquiera que se ocurra), hasta todo tipo de flores. Por supuesto roble, caoba, maderas nobles, vainillas, café, chocolate, toques ferrosos, oxidativos, cárnicos… la lista es interminable.
 Hay vinos que huelen a mar, algunos al Atlántico, otros al Cantábrico, otros Mediterráneo, o incluso algunos más pequeños como el Guadalevín. Ningún agua se percibe igual y hay vinos que muestran perfectamente su carácter, ya que esos aromas proceden del suelo y éste se ha alimentado del agua que habitaba en ese mismo lugar hace miles de años. También hay vinos que huelen a ostras, a conchas de mar (no todas las conchas que encontramos en la playa huelen igual), a salitre, a sal… 
Como en el mundo de los perfumes, los cítricos son una parte fundamental: está presente con sensaciones de piel de limón, mandanina, naranja, pomelo… Maia, a todo lo que te quieras imaginar puede oler un vino. A mí hay vinos que me huelen a Cary Grant, otros a Gene Tierney, otros a Miles Davis…




Tampoco es que antes tuviera muchas dudas, pero ahora tengo más claro que nunca que este nuevo mundo que se me está abriendo poco a poco, lo voy a disfrutar muchísimo.




Un beso!

25 comentarios:

  • Lavinia Whateley dijo...

    Tu buen olfato es un gran punto de partida para el mundo del vino. Al igual que pasa con los perfumes, veo el vino como un viaje, yo he caminado un largo trecho desde hace unos 6 años, cuando empecé a beber "en serio", hasta ahora, y en el camino hay conocimiento, desconocimiento, flechazos, pasión eterna, caprichos, desencanto, vinos, copas, fotografía y compañeros de viaje. Viajando por España, haciendo escapadas de fin de semana a Italia, Alemania, Francia... hasta que parece que te quedas a vivir en Champagne o Bourgogne.

  • Elena dijo...

    Con esta entrada tu amigo Fernando y tu me habéis cautivado. Y necesito saber más, más y más sobre sobre este placer enófilo con el que tanto disfruto. Un beso!

  • Anónimo dijo...

    Kaixo!

    Jjaj...ba horrela hasten bazea, akabo! Ardo onak besterik ez dituzu nahiko :)) Guri asko gustatzen zaigu argoa, zorionez nere ahizpak ardo enpresa handi baten egiten du lan eta nozio txikiak ematen dizkigu noizbehinka. Eta zuk oso ondo diozun bezela, Arzak-e bezela, kopek ere eragin haundia dute guzti hortan.

    Oso sarrera polita egin dezu eta Fernandoren deskribapena ezin hobea, ze polita.

    Hurrengoan ordun ardotxo bat eskatuko degu. (ardoaren inguruan oso momentu politak sortzen dira)

    Muxu,

    Irune

  • Sarai dijo...

    Hola wapa!!!

    La verdad que me encantaría poder disfrutar de una copa de vino como hace mucha gente, pero no me gusta.. Se salvan algunos como el Albariño o el Txakoli jejeje Lo mismo me pasa con el café...

    Un besote!!!

  • Frank dijo...

    ¡Hola Maia!

    La Rioja es buena comarca vinícola, pero que sepas que la mitad del vino con DO Rioja se produce en La Mancha y te lo digo yo que he sido vendimiador. Tienes que probar los vinos manchegos, los de la Tierra de Castilla y los de Valdepeñas. Un Ágora de Valdepeñas o un Finca Antigua, un Vega Córcoles, un Yugo o un Estola de La Mancha. Ibas a "flipar".

    Mis variedades de uva predilectas: Pinot Noire, por supuesto, Syrah, Merlot (aunque digan que es "mariquilla", pero su aroma perfumado es envolvente, joven, maravilloso), Cencivel o Airén, y Sauvignon. Prefiero los blancos y reservas. Los monovarietales sobre todo. Pero... hay que probar y probar y probar. Como con los perfumes.

    Me gustan los tonos florales y afrutados de los jóvenes. El tono húmedo y amaderado de los reservas. Prefiero la barrica de roble francés a la de americano. Aunque la canadiense y las alemanas tampoco están mal. Todo sea dicho.

    Un beso y sigue experimentando.

    Frank
    alalavandepourhomme.blogspot.com

  • Fernando dijo...

    Lo que hay que tener claro es que el vino se ha hecho para disfrutar y para compartir y que hay que vivirlo y beberlo sin ningún tipo de complejos. En España tenemos un grave problema a la hora de que la gente joven pueda aficionarse al vino, lo que oímos en prensa son demasiados tecnicismos y demasiadas preocupaciones por temas inertes alejados del placer. El hedonismo debería ser realmente su principal finalidad. El vino es fuente de cultura, diversión y aprendizaje, una experiencia espiritual que nos hace conectar con la naturaleza, nos auxilia en momentos solitarios, nos impele hacia el desenfreno, nos reconcilia con el alma. Champagne es la esencia y la alegría, Borgoña el misterio y la magia. Los Riesling del Mosela levitan entre sedas legendarias y pizarras hundidas en la certeza. Jerez es el pellizco y nunca te abandona.
    La grandeza del vino: conocer los viticultores que se dejan la vida en la viña, en ocasiones de forma literal, como nuestro amado Denis Mortet. Para mí la palabra clave es respeto; hacia la viña, hacia el elaborador, hacia la botella, hacia el momento.

    En muchas ocasiones las exiguas oportunidades ofrecidas a los que quieren empezar son el principal obstáculo. O la lamentable oferta reflejada principalmente en el afrentoso trato que se le da al vino en tantos bares y restaurantes. Por eso en la mayoría de las ocasiones lo mejor es beber en casa con amigos y amigas. Yo creo que esta restricción autoimpuesta de abrir este maravilloso mundo a nuevos posibles aficionados es una muestra más de que seguimos siendo presa de nuestra propia libertad en un existencialismo aun no concebido. El vino es una bandeja de disfrute, no es algo que solo esté reservado para los mejores catadores o los más eruditos en la materia. Por ejemplo, esas exageraciones en la importancia de maridajes que llevan al inquieto aprendiz a frustrarse por culpa de una trascendencia antagonista; exageradas y tediosas catas olfativas y visuales escritas en las que se buscan aromas imposibles metidos con calzador y en las que nos olvidamos que el vino puede ser mucho más sencillo que todo eso. A mí me resulta mucho más bonito decir que un vino me sugiere una nota de Coltrane, las piernas de Marilyn o un soneto de Benedetti, que almizclar frutas o flores imposibles a las que jamás se han tenido acceso y únicamente se dicen por pedantería o snobismo.

    Cuando realizo la cata de un vino me gusta moverme entre las paredes de la imaginación y la inspiración. Puede tener tintes abstractos y también vitales, puede circular por el impresionismo de Monet y la impasible figura de Bogart. Que sé yo. Por ejemplo, hace poco le dediqué la cata de un vino al gran maestro Dagueneau que nos dejó hace poco tiempo en un trágico accidente y ahí es donde aflora el corazón y el sentimiento. Una cata se puede compartir con lágrimas o con esperanza.

    Enhorabuena por el blog Maia, estoy seguro que vas a ser una extraordinaria catadora.

    Abrazos.

    Fernando.

  • cessione del quinto dijo...

    Un post muy interesante, yo tambièn he empezado hace poco a interesarme por la cultura del vino y me parece un mundo apasionante en el descubrir un montòn de aromas, perfumes y detalles...un abrazo desde Italia.
    Sara M

  • Maia dijo...

    Pues sí, La Rioja es maravillosa. Además sobre todo me sorprendió la parte sur... la Sierra de Cameros que linda con Soria. Precioso.


    Besos!!

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