Pensamientos del rebaño

miércoles, 18 de abril de 2012 5 comentarios
"Las ovejas asintieron: lo habían visto perfectamente desde lejos. Las sospechas recayeron de inmediato en el carnicero, sencillamente porque todo el rebaño lo consideraba capaz de atravesar a un ser vivo con una pala. Pero Miss Maple, sacudió la cabeza con impaciencia, y Othello prosiguió.

-En cuanto el carnicero estuvo lo bastante lejos, el flaco se puso a hablar con Gabriel. Olía raro, a whisky y Guinness, no como si hubiera bebido esas cosas, sino el cuerpo y la ropa. Sobre todo las manos.

-¡Fue él!-baló Ramses, un carnero muy joven dotado de una fantasía desbordante-. Se echó whisky en las manos porque ya no aguantaba el olor a sangre.

-Tal vez-convino Miss Maple, vacilante.

Maude, la que tenía mejor sentido del olfato, meneó la cabeza.

-Los hombres no huelen la sangre como nosotros. No tienen muy buen olfato."




"Un cordero se adelantó. Ni siquiera tenía nombre aún; a las ovejas solo se les ponía nombre cuando sobrevivían al primer invierno.

-¿Va a volver el espíritu de George?-inquirió con timidez.

Cloud se inclinó hacia él con aire tranquilizador y dejó que se arrimara a su abundante lana.

-No, pequeño, el espíritu de George no vendrá. Los hombres no tienen alma. Ni alma ni espíritu. Es así de sencillo.

-¿Cómo puedes decir eso?-protestó Mopple-. No sabemos si los hombres tienen alma. Tal vez no sea probable, pero es posible.

-Toda oveja sabe que el alma se encuentra en el sentido del olfato. Y los hombres no tienen buen olfato.-La propia Maude poseía un excelente sentido del olfato y pensaba a menudo en el problema de la nariz y el alma.

-En ese caso sólo verás un espíritu muy pequeño. No has de temerle.-Othello se inclinó hacia el cordero con cierto regocijo."




Las ovejas de Glennkill, Leonie Swann





Besos!

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