Bespoke

domingo, 21 de octubre de 2012 9 comentarios


Keiko Mecheri nunca me ha hecho especial gracia. Alguno de sus perfumes claro que me gusta, Pachoulissime, Iris d’Argent, Les Zazous… me parecen maravillosas pero entre tanta creación era estadística pura. Nunca me han gustado las grandes colecciones y las casi 50 creaciones de Keiko siempre me han dado mucha pereza. Primero porque entre tanto perfume me perdía muchísimo y no lograba memorizar cada fragancia. Y segundo, porque tengo la teoría de que los perfumes no se pueden sacar como churros, eso lo hacen las marcas comerciales y por eso los odiamos un poquito. Con esto no quiero decir que el resto (quitando las tres mencionadas) de las composiciones de Mecheri me parezcan malas. No es eso. Solo que siempre me han parecido indefinidas y carentes de personalidad propia.

Pero ahora ha sacado la colección Bespoke y ha sido como un “zas en toda la boca” a mi persona. Siete fragancias de sopetón, pero qué siete fragancias.

Bespoke, palabra inglesa utilizada para decir que un producto se ha hecho a medida y al gusto del comprador. Algo único, personalizado y con una producción cuidada. Y el nombre, el concepto, no me puede gustar más. Claro está que las fragancias no son personalizadas, pero los más de 200 euros que cuesta cada fragancia, hace que el que compre sea porque realmente le ha gustado mucho la fragancia y esto conlleva a que sea más exclusiva también. Y si alguno se está echando las manos a la cabeza diré que sí que podrían costar lo que valen, porque son realmente geniales y aquí ya se sabe, las genialidades hay que pagarlas.

La colección me recuerda vagamente a lo que estaba haciendo Mona di Orio, reversionar algunas de las notas más emblemáticas de la perfumería como la rosa, el ámbar, el vetiver, el cuero… pero los estilos son totalmente diferentes, de la misma manera que Mona era directa y cruda, las creaciones de Keiko van llegando poco a poco, al ritmo de un pausado vals, como todas esas hojas que caen estos días.

Pero vayamos poniendo ejemplos.


Ambre Mirabilis es un ámbar humeante, seco, para las distancias cortas. Empieza con unas especias picantes, pero divertidas e inofensivas, y va madurando hasta alcanzar un punto de seriedad que no tiene nada que ver con la salida juguetona. Se le nota el oud, algo de patchouli, y una rosa muy muy escondida pensando que esto no va con ella.


Canyon Dreams tiene un carácter totalmente opuesto, es una madera jugosa, un sándalo empapado en zumo de mandarina y un poco de bergamota. La calidez de una se mezcla con la frescura las otras, creando una combinación inusual que se va asentando cada vez más, hasta convertirse en el mejor avenido acorde.

Bal de Roses es una rosa que quiere salirse de la norma impuesta. Ella no es empolvada, que las hay muchas. Ella es jabonosa, diferente, dinámica, con un ritmo que acompasan el ylang-ylang y el jazmín. Un estilo clásico que adecúa al siglo XXI de una manera natural y sin ningún tipo de esfuerzo.

Cuir Fauve no tiene mucho de cuero, aunque se percibe. Es más un juego a tres entre el oud, el tabaco y el ámbar, que se equilibran a la perfección, como un triángulo apoyado en su baricentro. Ni seco, ni amargo, ni dulce, pero sí un poco seco, un poco amargo y un poco dulce. Es acogedor, hogareño… tan familiar que me toca la fibra sensible, me llega, me atrapa y me convence.

Tangeri es el otro “cuero” de la colección. Pero tampoco es un cuero rudo y agresivo, es más bien femenino y empolvado. Es un ante delicado y de suave tacto, que cobra vida gracias al cardamomo, el musgo de roble y las resinas. Igual que ese bolso en el que invertir esta temporada, perfecto para cualquier tipo de ocasión.


Soussanne es una explosión de flores blancas, pero hiladas con puntada fina, sin excesos, sabiendo exactamente lo que se quiere conseguir. El lirio y la datura se entremezclan, como en un pequeño riachuelo que baja del monte y no para nunca. Unos ligeros toques de sándalo y almizcle, aligeran el paso, para que la fragancia fluya sin obstáculos.

Vetiver Velours también es un vetiver poco común. La terrosidad la ha perdido por el camino y resplandece limpio y pulcro. Igual que si fuera el olor de algún hijo de Zeus, medio divino medio terrenal, que flota entre las nubes. Vetiver, especias, almizcle y algo de oud, forman un complejo acorde, solo apto para aquellos que sabrán llevarlo con una elegancia natural.


Y después de estudiarlos uno a uno, con un cuidadoso mimo, aún me gustan más. Cada creación es equilibrada a más no poder, versátil, de esos perfumes que se convierten en el “olor” de alguien, porque lo siente propio y lo disfruta. Muy bespoke, al fin y al cabo.


Besos!!

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