Sacrebleu

jueves, 10 de enero de 2013 2 comentarios


En los perfumes intensos solo hay una línea muy fina entre lo excepcional y lo vulgar. En los frescos esta línea llega a ser una ancha avenida, pero en cuanto la fragancia va ganando en cuerpo, el perfumista tiene el trabajo de hilar cada vez más fino, como si fuera un tapete de bolillos. Por eso los perfumes densos que nos dejan sin respiración lo hacen más profundamente que los frescos, porque sabemos todas las estrellas que se han tenido que alinear para crear algo así.

Podría dar varios ejemplos, por suerte son muchas las creaciones que alcanzan ese nivel celestial, pero hoy me apetece hablaros de las dos Sacrebleu de la casa Parfums de Nicolaï, Sacrebleu (1993) y Sacrebleu Intense (2008). Las dos, igual de maravillosas y espectaculares. Otros dos claros ejemplos que ni Parfums de Nicolaï ni su creadora y perfumista Patricia Nicolaï son lo suficientemente conocidos, por mucho mercado nicho del que estemos hablando.

Sacrebleu, antigua blasfemia francesa popularizada por el detective Poirot, utilizada para mostrar sorpresa o enfado, fue el nombre elegido por Patricia Nicolaï para su emblemática fragancia femenina. Años antes ya había creado Odalisque, mucho más suave y floral, pero aunque sublime (uno de los mejores perfumes de muguet), no llega a la altura de ésta. Sacrebleu, qué nombre más bonito, estoy segura que cuando eligió el nombre, ya sabía que había hecho algo de una grandeza descomunal. Porque con Sacrebleu consiguió hacerle una pareja de altura a mi querido New York (aquí).

Vainilla, jazmín, clavel, canela, haba tonka, nardo… dibujados de la manera más suave que se puede imaginar, con un menos es más inusual para tanta nota que ansía destacar. En Sacrebleu aparecen totalmente amansados, como si supieran que no deben levantar la voz, solo asentir en silencio y lucir como mejor saben hacerlo.


Pero centrémonos en la hermana profunda, en Sacrebleu Intense, porque aquí sí que Patricia Nicolaï tuvo que hilar puntadas milimétricas. Aquí ya no hay ninguna floritura, aquí lo que antes era una mujer brillante, se vuelve en una femme fatal de rompe y rasga. Con una suavidad y dulzura fingidas, o tal vez anheladas, porque lo que realmente le gusta es que la miren, que la adoren, mientras ella se luce. Igual que la de Coppola, ésta también podría ser una Maria Antonieta contemporánea, provocadora y desvergonzada.

Las flores, aunque presentes, dejan paso a la canela y al haba tonka, para que dominen el acorde y la situación, con la ayuda de las bayas rojas y la mandarina. De fondo, a lo lejos, a uno le parece percibir, el clavel, el jazmín y el nardo de la anterior, pero no se sabe muy bien si realmente están ahí o uno los ha imaginado. Porque Sacrebleu Intense vuelve loco a cualquiera. Seduce, atrapa y guiña el ojo sin discreción. Porque ella lo vale.

Y todo esto sin dejar de ser una auténtica dama. Porque parece que fue ella la que invento ese límite entre la provocación y la ordinariez, entre lo excepcional y lo vulgar.

Besos!

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