Comprendiendo el Arte

miércoles, 19 de marzo de 2014 5 comentarios

Como uno de propósitos de este 2014, pensé en que tenía que retomar el hábito de comprar muestras por internet. Reconozco que me había acomodado demasiado con eso de que ya eran las propias marcas las que se ponían en contacto conmigo y me daban a conocer sus novedades, se me había olvidado lo que era curiosear. Y amigos, curiosear es lo más bonito que tiene este mundo de los perfumes. Intentar encontrar perfumes de todo tipo, ideados en alguna mente brillante y aprender a apreciarlos como simplemente eso, algo en el que alguien a llegado a poner todo su ser.

Cuando uno empieza a indagar entre tanto aroma desconocido, suele sentir una necesidad ansiosa de encontrar ese perfume ideal, hecho para él, ese que parece que se les ha olvidado poner su nombre en la etiqueta. Pero con el tiempo se aprende que por suerte o por desgracia no hay demasiados perfumes hechos para uno y se empieza a oler sólo como experiencia. Y yo creo que esa es la actitud. Ponerse delante de unas cuantas muestras como quien va a comer a un restaurante nuevo, con la mente abierta. O como quien va un museo a apreciar los cuadros no con el criterio de si los pondrías en el salón de tu casa o no, sino a disfrutar de las pinceladas y del arte de los pintores.

Así, poco a poco, se empieza a adquirir un criterio cada vez más lejos del me gusta/no me gusta. A veces te encuentras con obras de arte de las que habías solido oír largo y tendido, otras con fragancias de las que no entiendes el porqué de tanto alboroto y de vez en cuando con aromas que no das crédito cómo nunca escuchaste palabra. Creaciones, brillantes, llevaderas, extremas, clásicas, innovadoras, anodinas, complejas, dispares, laureadas, desconocidas, controvertidas, de culto, atemporales... creaciones al fin y al cabo.

La mejor de las sensaciones suele ser cuando te encuentras delante de una creación que nunca antes habías olido, y justo entonces es cuando recuerdas por qué te enamoraste de este oloroso mundo y sientes las mismas sensaciones de cuando todo era nuevo y maravilloso. Te sientes un poco like a virgin otra vez. Eso me pasó con Dilmun de Lorenzo Villoresi, Baume du Doge de Eau d'Italie, Amoureuse de Parfums DelRae, Lalibela de Memo, New York de Parfums de Nicolaï, Violette Fumee de Mona di Orio... y hasta con el Geranium pour Monsieur de Frederic Malle que tan poco tolero.

¿Pero qué pasa cuando te toca un perfume al que no le encuentras ningún tipo de lógica y con el que lo único que puedes hacer es arrugar la nariz y pensar que huele fatal? Mis principios me impiden descartarlo sin más. Y empecé a pensar... ¿Dónde termina de ser arte aquello que alguien ha ideado? ¿Tiene aún más valor arriesgarse a crear algo que casi nadie va a llegar a entender? Todo muy filosófico, lo sé.

Pero os pongo en antecedentes.

Gracias a un comentario de Evighetens llegué a conocer la casa de perfumes americana Phoenicia. Su página web enseguida despertó mi curiosidad, sobre todo porque parecían ser perfumes tan concentrados que sólo se venden en formatos de 15 y 5 mililitros. Poco tardé en comprar el set de muestras y un par de semanas más tarde ya tenía en casa medio mililitro de cuatro de las fragancias de la casa: Far NWest, REALOUD, Rucher Fleuri y Gone But Not.


Empecé por Far NWest porque a priori por sus notas era la que más me iba a gustar, madera, dadme madera. Pero no, el abeto, el cedro, el almizcle, la alcaravea y la resina Choya Loban, en mi piel olían a cuero rudo no demasiado trabajado para mi gusto. Aún y todo, pensé que siendo la hora que era, no estaba para criticar gratuitamente y dejé las demás muestras para un momento de mayor tranquilidad. Momento que llegó el domingo a la mañana después de un relajado desayuno, aquí empezaron los problemas.

Lo que viene a continuación me cuesta mucho escribirlo porque creo que es la primera vez que voy a hablar mal explícitamente sobre un perfume en este blog.

Los problemas llegaron cuando el domingo a la mañana me puse en la mano unas gotas de REALOUD. Ya escribí en su día lo saturada que me encuentro con los perfumes que giran en torno al Oud, que apenas despiertan mi curiosidad, y justo por eso me quería quitarlo el primero, por aburrido. Pero este Oud no tenía nada de aburrido ni nada que ver con el resto de los Oudes. Este Oud olía a estiercol. Y aunque de buenas a primeras pensé que aquello no podía ser verdad, que tenía que ser paranoia mía, cada vez que acercaba la nariz a mi mano lo tenía más claro porque gracias a los veranos rurales de mi infancia no tengo ningún problema en identificar ese olor. Me lavé las manos y mientras confirmaba que aquel olor no se iba a ir tan fácilmente, empecé a leer críticas sobre el perfume en internet, cosa que no me gusta hacer antes de oler la fragancia para no tener ideas preconcebidas. Y allí, entre las opiniones de desconocidos me empecé a sentir comprendida. "Empieza con una nota intensamente fecar y amarga con un verdaderamente aterrador tipo de queso azul" y cosas del estilo hicieron que me diera cuenta de que aquel perfume olía realmente mal.

En la otra mano en cambio, tenía unas gotas de la maravillosa Gone But Not, una espléndida fragancia floral almizclada que reflejaba todo el talento del perfumista de la casa David Falsberg. Para decidir si aquello era casualidad o no, me lancé con Rucher Fleuri. Y aquí tuve otro momento like a virgin porque me encontré con unos aldehídos verdes bañados en vainilla que jamás había olido. Aquel contraste me hacía sentir como si estuviera oliendo dos cosas diferentes a la vez, un frío/calor, un dulce/salado, que salía de una única gota de perfume. Me costaba entender que la mente brillante que hubiera sido capaz de crear estas dos fragancias que no tenían nada que envidiar a tantas otras que han pasado a la historia, hubiera creado también aquel olor a estiércol que me afanaba por limpiar de la mano.

Todavía no he llegado a tener una respuesta a esas preguntas que lanzaba al principio: ¿Dónde termina de ser arte aquello que alguien ha ideado? ¿Tiene aún más valor arriesgarse a crear algo que casi nadie va a llegar a entender?

Será que la conclusión es demasiado abstracta para mi analítica mente, porque me niego a tachar de un perfume como malo sólo porque a mí no me guste. Puede que sea yo la que no sepa apreciar este tipo de arte, de pequeña hubo un cuadro en el Guggenheim con una gruesa raya roja, otra naranja y otra amarilla llamado 'Atardecer' que tampoco llegué a entender muy bien.

Lo único que saco en claro es lo bonito que es curiosear en este mundo y encontrarte con maravillas para todos los gustos y colores. Por lo que sigamos buscando más estiércol, que también hay que aprender a apreciarlo.



Besos!

5 comentarios:

  • ATELIER NASO dijo...

    Qué interesante tu reflexión Maia. Podriamos pensar que es 'cuestión de gustos' pero no. Aunque hay una variedad de 'gustos' en el ser humano, hay una serie de olores y sabores para los cuales estamos genéticamente determinados a repeler y evitar. Está relacionado con la supervivencia de las especies. Tendemos a evitar sabores amargos porque estos son precursores, nos avisan de un posible veneno o producto nocivo para el ser vivo. Igual con los olores, determinados olores nos alertan sobre un producto potencialmente nocivo, y eso no se aprende, lo llevamos ya en nuestro ADN. Por eso es difícilmente entendible la creación de un perfume que recuerde mínimamente al estiércol. Un beso, Irene

  • ElHermanoFeoDeFassbender dijo...

    A mí es que el arte moderno me toca mucho los bajos, yo me quedé en el Renacimiento.
    Oye cuñada, ¿te suena algún perfume que huela a aguacate? Es que me cruzo todos los días con una chica que huele muy parecido a una crema de afeitar que tengo y que huele a aguacate. Me recuerda a eso y me encanta.
    Eskerrikasko. Muxu bat.

  • Maia dijo...

    Hola Cuñado,

    Pues no me sonaba ningún perfume con olor a aguacate y he tenido que investigar. Las dos únicas fragancias que he encontrado con esa nota son 'Versus Time for Relax' de Versace y 'Mare' de Creative Universe Beth Terry, pero ninguna de las dos me suena. Yo que tú le echaría un par y se lo preguntaría ;)

    Muxu

  • Evighetens dijo...

    Saludos Maia,

    Que agradable sorpresa ver Phoenicia por aquí! Las reflexiones sobre el Arte siempre dan lugar a momentos interesantes, en mi opinión, "Arte" es, a grandes rasgos, toda aquella producción humana cuyo principal objetivo sea provocar emociones o sensaciones en alguien y lo consiga, hay quien añadiría: "y no pretendan herir a nadie", y no me parece un mal añadido.

    Respecto a estos perfumes, uno de los pocos frascos que tengo es Gone but Not de Phoenicia Perfumes, David Falsberg es alguien con una visión de la perfumería que me encanta, se dedica, en mi opinión, a desafiar los límites, y desde luego, por lo que acabo de leer en tu blog, algo ha conseguido...cabe decir que en cuanto Skin Graft vuelva a estar disponible será mi siguiente compra, es, creo yo, la obra cúspide de Falsberg.

    Dicho esto, los perfumes que para mi mejor representan esa especie de límite entre la experimentación y lo agradable al olfato son, además de Skin Graft, M/Mink de Byredo, Sepia de Aftelier, unos cuantos de O'driù...y seguro que olvido muchos, pero creo que he encontrado mi sitio dentro de la perfumería nicho, y es ese límite del que hablaba.

    Saludos!

  • Sarai dijo...

    Hola guapa!!

    Jajaja me habría encantado verte la cara... No tiene que ser agradable, y menos con un olfato como el tuyo, encontrarse con algo así...

    El otro tiene que ser curioso de oler!

    Un besote!!!

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