Eau de Magnolia

martes, 8 de julio de 2014 5 comentarios

Es inevitable que cada vez que Frederic Malle lance un nuevo perfume, sea uno de los acontecimientos perfumísticos del año. Hoy en día ya casi nadie pone en duda (yo lo dejé de hacer hace tiempo ya), que la colección de Malle está un escalón más arriba que el resto. Por supuesto que hay excepciones y para gustos los colores, pero así, en general, no se me ocurre ninguna otra casa que despierte en mí tanta admiración. La base de esta calidad está clara: un presupuesto ilimitado sin cortar alas a la creatividad, esfuerzo y tiempo.

Tanto tiempo que han pasado ya cuatro años desde Portrait of a Lady, el último lanzamiento de la colección si dejamos de lado Dries Van Noten par Frederic Malle (aquí), el primero de una serie de colaboraciones paralelas. Y mientras seguimos esperando esa creación al muguet que se rumoreaba  hace ya un par de años, homenaje a Francia, a Roudnitska, a su Diorissimo y al abuelo de Malle (impulsor de la línea de perfumes de Dior), llegó otra flor, la magnolia.

Cuando estás acostumbrada que las creaciones de una casa sean rimbombantes y rompedoras, te descoloca bastante cuando se anuncia un nombre tan sencillo como 'Eau de Magnolia'. Pero aunque en una primera instancia tuerzas el morro pensando "¿para esto cuatro años?", en seguida te das cuenta que no, que hay truco, que con Frederic Malle siempre lo hay, y te quedas esperando con ilusión, como si ahora los Reyes Magos vinieran de París. Porque esa espera y lo que pasa por tu cabeza mientras tanto, hace aún más bonito el momento en el que llegas a probar el perfume.

En la quiniela del perfumista tampoco dimos una. La inercia decía que podría ser Dominique Ropion otra vez, algo que siempre es de agradecer, pero a mí me hacía especial ilusión que volviera Olivia Giacobetti, me parecía que a la línea le vendría bien un poco de su transparencia. Pero no, nadie acertó. Y aunque si cerraras los ojos y olieras la fragancia no te extrañaría que tuviera la firma de Giacobetti, esta vez ha sido Carlos Benaïm el elegido para alegrar nuestra pituitaria. Se podría decir que Benaïm es un semi-conocido para los que pululamos por el universo Malle, hasta ahora sus trabajos se habían limitado a perfumes del hogar: Cafe Society, Jurassic Flower, Rosa Rugosa, Rubrum Lily y Saint des Saints. Por mi parte le tenía fichado por ser el creador del Liquidnight de A lab of Fire, aunque el señorito es el responsable de muchas creaciones comerciales dignas de mención: Jasmin Noir de Bvlgari; Promesse de Cacharel; 15 creaciones para Calvin Klein entre los que se encuentran Euphoria, Contradiction, Eternity, In2U y varias de sus versiones; Carolina de Carolina Herrera; Pure Poison de Dior; el Armani Code femenino; Very Irresistible de Givenchy; Quizas, quizas, quizas y Aire loco de Loewe; Polo y Polo Blue de Ralph Lauren; Flowerbomb con todas sus versiones y Eau Mega de Viktor&Rolf... entre otros. Un curriculum nada despreciable. Y aún y todo su  nombre nos sonaba a poco. Así va la industria.

Pero centrémonos en la Magnolia. Que un perfume de Frederic Malle supere tus expectativas suele ser bastante complicado. Sobre todo, porque estas expectativas ya suelen ser lo suficientemente altas. No sé decir si Eau de Magnolia ha superado las mías o simplemente las ha saciado, pero lo cierto es que me ha gustado, y mucho. No me sorprendió la primera vez que la olí, me pareció un acorde correcto, simple y efectivo. Pero a medida que fueron pasando los días e iba oliendo, le descubrí un valor añadido, su sencillez. Esa simpleza del principio empezó a adquirir un carácter elegante, refinado y distinguido. Se podría decir que Eau de Magnolia es esa francesa (o el francés) que todas querríamos llevar dentro. Un charme natural en camiseta blanca y vaqueros. Tan fácil y tan difícil a la vez.


Si Eau de Magnolia fuera una canción, sería una composición de piano, mitad alegre mitad nostálgica.

Magnolia, bergamota y maderas. Un acorde a tres bandas que crea una sintonía equilibrada y versátil. Una fragancia para cualquier ocasión o aún más, una fragancia capaz de convertirse en el olor de alguien. Porque aquí es donde se encuentra ese salto de calidad made in Malle, ese brillo especial que hace de algo ordinario algo excepcional. Sin necesidad de estridencias ni de revoluciones. Un perfume de los que se conocen pero ya pocos se hacen.

Hace unas semanas se casó una de mis amigas del colegio. Andaba bastante agobiada con mi trabajo de fin de carrera y al final decidí no ir a la comida de celebración pero unos días antes nos juntamos para cenar con la novia. En la cena salió el tema de los perfumes, de mis perfumes, esos que casi nadie conoce ni se ven en las perfumerías normales. Empecé a explicar en que se diferenciaban cuando me acordé que llevaba una muestra de Eau de Magnolia en la cartera, la saqué y puse una gota de perfume en el dorso de la mano de algunas. Lo que yo no era capaz de describir con palabras se reflejó en sus caras cuando olieron la fragancia. Entre ellas, la cara de la novia, y sin dudarlo un segundo le regalé la muestra "para que te perfumes el día de la boda". Ella agradecida y yo feliz por sentir que al menos en cierta medida iba a estar presente e iba a ser parte de su gran día.

En definitiva que monsier Malle lo ha vuelto a hacer. Ha conseguido estar a la altura de lo que se esperaba, cosa que no es tan fácil como parece. Ahora, toca ponerse a cavilar qué será lo siguiente.


Besos!


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